jueves, 21 de julio de 2011

Extraña satisfaccion

Ya se que hay que amar. Ya se. Eso no me preocupa. Lo que siento no es amor. Lo que siento es cercanía. Y esto que aquí se acrecienta no merece mayor análisis. Es algún tipo de soberanía. Trayecto sinuoso que te rodea sigiloso. Origen cauteloso que saborea de tus pequeños regalos, ¿qué exactamente? ¿Que quiero recibir del reflejo de tu sombra? Tal vez un pequeño zumbido colorido. Y leo ahora mismo a esta conglomeración de sentidos, en esta puja por alcanzar una joya literaria. ¿Por donde caminar entonces? ¿Por las mismas baldosas que mi deseo desliza bajo tus dedos descalzos? Resbalas quizás así hacia un fondo que baila sobre si mismo. Llegas hasta el reino de la oscuridad sin dialecto. Todas las espinas que viven aquí ya han intentando escalar estas paredes hace muchos años. Esas mismas te redactan en la piel una invitación jugosa: quédate conmigo. En este recinto no necesitas ver. Llegaste hasta acá solo por tu ansia de ser. Tal vez sea un cubo encerrado en el universo, o incluso un pozo cercano de un bosque encantado. Tal vez la dama perversión pretende trastocar lo que ya se encuentra severamente modificado. No hay nada que perturbe su naturaleza. Aquí las enredaderas solo contestan con entusiasmo ante tu ardiente provocación.

Perdónalas si te dolió la espalda cuando te caíste. Ya duermen con vos miles de pensamientos extranjeros. Todos ellos fueron inyectados a través de cada espina traviesa que contenta muere penetrando tu desafiante piel. Aca el infierno no extenderá su dominio. No hay deseo que puedas controlar. No podes pervertir lo que ya se encuentra pervertido. Tal vez quieras escapar, y seguir con tu satisfacción real en la superficie. Jamás podría negártelo. En ese caso, podrás subir solo colgándote de mis senderos, por todas mis verdes sogas. Disfrutare del roce de tu cuerpo a través de mí, al menos. Llevaras sobre ti todas las marcas del deseo. Suspiraran latiendo sedientas el encuentro de una lengua que pueda colmar el brillo salvaje de tu sangre. O, mejor aun, podrás cortar, antes de escalar, una parte de mí. Y cuando vuelvas a tu casa podrás dejarme abajo de tu cama. Creceré en ese lugar oscuro, alimentándome así del gemido de la madera cuando vibre tu corazón durmiente. Ya se que hay que amar. Lo que siento no es amor. Es el roce de una extraña satisfacción.

miércoles, 13 de julio de 2011

Lugares



Sentado en algun lugar que ya conocía pude volver a ver eso que dejo de ser recordado. No inquietaba el viaje, excepto por el hecho de ya saber el punto final que anunciaba el eterno inicio hacia lo mismo. Y esa insistencia incomodaba lo suficiente como para que la poca movilidad se encontrara justificada. Leia mucho; pero mis dichos frenaban alrededor de eso mismo que en ningun lado se encontraba redactado. ¿Que era? ¿Que esta pasando? ¿De que estoy hablando? Poco a poco gano mi lugar. El temor tirano aflojaba. Pero no pueden mis manos dejarse dormir, una por sobre la otra. Aun tienen algo que decir. Claven un cuchillo sobre ellas. Podran beber de su sangre luego de que mueran. No dejes que crezcan nuevamente por los lugares que conociste. Libera su camino de su putrido destino. Espera que el charco llegue hasta el borde de la mesa. Refresca alli solamente tu conocimiento. Implora solo ahi adquirir esa extraña sabiduria. Maneja mi sangre como quieras. Ya estara muerta para cuando encuentres mi lugar.

lunes, 21 de febrero de 2011

Sobre etica y economia

En el perpetuo estado en el que uno se sumerge, se prescinde bastante del acto que califica a su valor o significado. Pues, la identidad está ahí, a la intemperie oscura, observando curiosa como el efecto de nuestras acciones diarias la ponen a prueba, verificando su aura, o refutando sus efectos generales. Quien se considere valiente, podrá insertarse en acciones que apelen a la valentía o a la cobardía, pero estas virtudes no distinguen su procedencia. Podría ser que así nos sintamos calificados ya sea porque nuestra identidad permitió tal acogida, o porque nuestras acciones así inauguraron este nuevo estado. Cabe resaltar que podría ser necesario que ambos se incorporen al discurrir de la vida, pues una identidad sin acciones no puede tomar de ellas su propia síntesis nuclear; ¿pues como podría ser uno valiente prescindiendo de los actos valientes? Mas allá de esta doble unión que junta así ambas nociones como la del ser y sus acciones, es curioso que el valor de estas cualidades prescinda de sí mismo, de este acto que califica su valor sobre sí mismo.

Y no me refiero a que habría ciertas sociedades que colocan a la valentía como la habilidad suprema o absoluta, sino que para cada uno de nosotros se dibuja un enigma por el cual este invita a la entrada de una identidad con sus acciones permitidas; pero solo a condición de que este transcurso vital entregue una diferencias que las interrogue. Porque lo atractivo de esto, es el particular agujero que la vida realiza ante la presentación de estos dos elementos así forjados. Uno pensaría que la producción de problemas depende de una incongruencia entre el deseo y la vida habitual. ¿No es esta la distancia entre la identidad y la acción? Quien sea valiente al realizar acciones cobardes se encontrara ante un problema, pero allí interviene el enigma más fructífero.

Estas acciones, entendidas como actividades políticas, deben ser entendidas como una sumisión resultante, no como una abstinencia premeditada. Es el cuento que se evapora ante cada huella incrustada bajo la fuerza del calor. Aquí la volátil metáfora pretende inculcar algo difícil e inconcluso, una discontinuidad que no permite invitar al lector a suponerse como un invitado a la reunión invisible de la imaginación volátil. Así, este enigma colocado allí donde la conciencia no decide, cumple el papel de adjudicarse la responsabilidad de poder incrustar la duda y la incertidumbre como un punto sutil y seguro. Por ello es tan difícil armonizar esta pareja entre la seguridad y la intemperie, entre el conocimiento y la posibilidad de que todo sea un sueño, entre las posturas de ser y las acciones practicas que lo confrontan; llevándolo ante el tribunal de decisión necesaria. Nos encontramos primero con un punto irrecuperable: todo conocimiento es un saber, del cual se derivan dos usos diferentes así denunciados, dado que se puede obrar ante el problema social bajo la forma de una justificación que al apelar al uso de las capacidades cognitivas se presente como racional. La otra variante consiste en aplicar una forma que lleve a un procedimiento que sea capaz de describir los hechos tal como la realidad entrega su dato. De una forma u otra, ambas maneras de obrar no cuentan automáticamente con algún tipo de fuerza o fundamento. No porque precisen adjuntarse la una con la otra para así obtener la incompletud de su concepto, sino que ya sea que la investigación psicológica amplíe las facultades que posibilitan el conocimiento, o ya sea porque se justifiquen y describan las formas de concesión necesarias para tal o cual realidad forjada intersubjetivamente, no se consigue aun alcanzar elevar el saber a su incursión evidencial. No se lleva a esa facultad del ser a su forma, diría, necesaria que debe justificar su proceder para con su labor y la recepción de este en la ciudad politica. Así distanciadas, parece que el conocimiento procura abrirse para impulsar en su retorno una solución que vuelva a cerrar al sujeto y al objeto, uno sobre otro nuevamente. Pero no se precisa adquirir la necesidad de alejarse de un dualismo como para desinteresarse por dicha división. Pueden resultar útiles, a condicion de que el punto de clivaje se encuentre efectuado y armonizado según un principio adecuado. Al menos, para evitar que al tomar un concepto se llegue a su opuesto según una conexión que subvierta el nexo ya establecido. El dualismo persistirá en tanto que se mantenga unidos a distancias dos ideas, llamadas a ser pensadas de forma contigua. Con respecto a esta unión, que así los adjunta, se podría también describirla como una tercer idea, que enlaza las dos restantes de una forma necesaria, esto es, que su separación, modificación o refutación, provoque una diferencia en el interior mismo del esquema dualista, descubriendo asi que, en verdad, formaba parte de él. Lo que me resulta gratificante en lo que al problema hierve silencioso sobre mí, es en esta condición ética del hombre, por el cual encuentra solo trazos devenidos independientes, partes liberadas tras algún socarrón imperceptible, aunque sospechado. Integrantes de multiples traiciones de algún tipo de forma anterior que ha desaparecido, mas que pretende volver a vivir dentro de él nuevamente. Por ello, pequeños momentos claman unirse en la memoria de cualquier humano. Así vociferan cuando ella los despierta, pero también operan cuando tomamos decisiones cotidianas, procurándonos una ilusión de la cual beber.

Este camino, que es la identidad, al enhebrar recuerdos e ideas en vistas de algún deseo, se convierte en la condición que separa a la reflexión de una ontología, si acaso en vistas de una postura ética ha llamado a convertirse ella. La propensión literaria procura a cada paso poder dar una respuesta por la calidad de su ser, pero es de tener en cuenta que una reflexión ética debe poder considerar que los objetos y las disposiciones humanas podrían ser acaso de una forma diferente. Esta característica volátil que lejos esta de corresponder a la ética, constituye un carácter general de toda actividad humana. Pero se debe estudiar el efecto de un pensamiento que considere la ética como una justificación ontológica. Puesto que se corre el peligro de desplazar a la condición de adjetivo a dicha palabra central, permitiendo que pierda su condicion de arteria del ser, la que dispone en un entredicho a toda forma de argumentación que la actividad humana pudiese ensayar. Una postura devenida ontológica transmuta esta interrogación por la de una certeza más bien vacía, la que asegura que algunas acciones entraran en un proceso de deliberación por el cual “serán consideradas éticas”. Insisto en que esto es una señal lingüística de un proceder que extirpa lo interesante y característico de todo el asunto. La delimitación corpórea de lo ético no tiene mayor interés, puesto que nada se aclara al apelar a la presentación estridente de la palabra "ética". ¿Qué garantiza que alguna idea o acción serán validas si son "éticas"? ¿No serian si no son éticos; al caso? Para quedar claro: Da igual que un objeto intelectual sea o no ético; si no se aclara antes que tipo de argumentación que se inyecta mediante el sentido ha alimentadodicha postura. De todas formas, considero, que será mejor olvidar a este manejo verbal que procura mantenerse en el terreno de "lo ético", aquel que teme a caer desbarrancado por el abismo de lo no-ético. Las argumentaciones posteriores podrían especificar el tipo de racionalidad que se desenvuelven en tal cambio, y esto se encuentra lejos de una pregunta inocente que investigue sobre el carácter ético o no ético de las acciones o ideas en cuestion. Como dije, no es suficiente responder ante eso con una réplica que procure acoger el sentido con que la palabra ética se utiliza. Puesto que una interrogación que pretenda implícitamente privilegiar al estado de lo ético por sobre lo no ético, refuerza el vacio con que se presento dicho pregunta.

Presentado al interrogante y a una burda y somera condición general del ser humano, he descripto los dos elementos que conforman más bien las sendas formas prácticas que se desarrollan tras dos caminos del saber. Reitero aquí, es la búsqueda científica de las facultades cognitivas con un interés epistemológico, y la descripción de la realidad en términos ella de un armado plan de tipo consensual por el cual los integrantes de una comunidad adoptan como reglas a las regulaciones de sus intercambios. ¿Se entrelazan estas dos formas en algún tipo de dualismo? Lo desconozco. No tendría problema en adoptar tal o cual esquema, pero estas dos formas procedimentales no se excluyen, sino que se diferencian, ante ello la exigencia en distinguir los enunciados autonómicos sus características.

Sucede también que el primero recurso, atribuible al racionalismo critico, exponencialmente atribuible a Hans Albert, genera una consencuencia en lo que su planteo respecta, que no debe dejar de aparecer inscripto en este discurrir. El problema de esta línea, es que coloca como un principio comun y principal algo mas bien secundario y general. Para plantearlo en términos claros, su postura no innova. No es capaz de producir novedad alguna. Se le ha criticado a esta línea, denominada como realismo crítico, que incurre en una contradicción al presentar una pluralidad para con la realidad, pero una linealidad metódica para consigo misma. También que esconde postulados metafísicos, como el punto de fe en la razón o en la realidad como dato (muestra que ambos puntos se entrecruzan), o que producto de esta linealidad metodológica (amparado por la falibilidad como característica general de la razón humana), se decanta en una ética correspondiente a un sistema económica del cual no es posible escapar, pues forma parte de este en condicion de vil complice. Estas son algunas de las críticas mínimamente esbozadas. El punto es el siguiente. Se corre con el peligro de una inespecificidad con esta postura. Al colocar como común y específico lo que es general y atribuible por igual, sus hallazgos permanecen junto con lo característico del objeto. Esto es difícil de entender, pero todo reside en el papel de la diferencia. Formúlennos la siguiente pregunta: ¿Qué se espera de una política social? ¿Que tome a los ciudadanos como iguales, o que descubra la diferencia que los caracteriza? Esto es tan interesante como escurridizo. Ninguna de las dos respuestas resultan un desastre, puesto que se clama por ambas. Solemos criticar con entusiasmo las investigaciones que buscan la especificad de tal o cual grupo minoritario, por ejemplo. El paso discriminatorio se encuentra latente, puesto que, ¿bajo qué supuesto se considero apropiado para el objeto de una investigación que esta focalizada sobre tal grupo? ¿Con que tiza se ha ya trazado ese límite preconcebido? Depende como queramos ser tratados. Si como iguales o diferentes. Ambas respuestas nos ofrecen satisfacción social. No quisiera dejar de pertenecer al género humano, pero tampoco quisiera pertenecer a la más indiferenciada masa popular. Son estos los vaivenes que oscilan dentro de nosotros. En efecto, esto da lugar a pensar la tensión entre lo general y común. ¿Contar con algun tipo de facultad cognoscitiva, como la memoria de trabajo, por ejemplo, convierte al acto de pensar dependiente o causa del efecto que propago con mi vida en la sociedad? ¿Acaso alguna postura exime de crítica su proceder? ¿Por qué la necesidad de acelerar lo falible? ¿No está ya claro por todos nosotros? Esto produce un debilitamiento de la postura crítica, porque se deja de imprimir lo específico, dado que ya se ha utilizado dicha carta en la dispersión de lo general. La otra forma procedimental del conocimiento en la ciudad, es la correspondiente con la etica que ha sido conocido como dialogica. Aqui ya se ha vuelto celebre hace muchos años la pequeña contienda entre el mencionado Albert y Apel y su pragmatica-trascendental. Del uso de estos valores universales se desprende un ámbito que será tratado en algún otro aporte futuro, del que deba tratar un posible nexo entre esta crítica al realismo crítico con el estudio de la economía, puesto que en ambos se trata de apelar a la razón como forma de darle forma al hombre. Una apuesta por un valor humano que pueda equilibrar su potencial creativo a la par de la fuerza de su propio trabajo, pudiendo entender que tipo de generalidad se ha inmiscuido entre el homo-economicus y sus decisiones racionales. ¿Puede una ética dialógica soportar esa revisión histórica que analiza y debilita las fuentes racionales del hombre devenido ciudadano, permutado homo-economicus? ¿O incurre en los problemas similares en los que el realismo crítico trabaja, al defender ambas el último bastión racional del hombre? Sabemos que la ontología no es campo aquí para analizar a la economía, pero entre la ética dialógica y el realismo crítico se encuentra algún tipo de respuesta posible para la proliferación de un cambio en los valores humanos, aquellos que sueñan con diferenciarlos de los de la mercancía y del campo supremo de la razón.

sábado, 1 de enero de 2011

Arqueologia de una forma

Nietzsche ubica un gran problema al colocar la forma mediante la cual un interrogante ha malgastado a los hombres, entreteniéndolos así bajo una trampa diseñada con unos límites. ¿Cómo comprender lo infinito a través de lo finito? ¿Como podría la razón equipararse con la sin razón? O la verdad del error. Sucesos de continuidades engañosas, entonces. Prestidigitacion magica. ¿Engañosas por que tipo de razon? Pues dado que una nueva explicación podría ilustrar de forma plena a los obstáculos que otros pensadores no lograron comprender ni responder.

Esa distancia entre una pregunta y su respuesta parece incluirse en esa distancia que se genera dentro de las posturas criticas; aquellas que parecen solucionar o sellar la cuota de culpa epistemologica con el acto de redoblar su nombre, hinchando nuevamente sus intenciones; obteniendo asi una "meta-postura" o una "meta-critica". Podria uno preguntarse porque una critica necesitaria otra mas de compañera, pero no es el caso de este pequeño apunte. Creo, incluso, que este método de salvación no es exacto. Porque cada circunstancia local conlleva sus límites. Pero no se trata de perfeccionar su funcionamiento interno, o sea, iluminar externamente a los obstáculos, sino de captar su funcionamiento regional. Podríamos crear un interrogante, de los que adoptan la forma de un problema, y formar una cadena de respuestas alrededor de ciertos inconvenientes.

Veríamos allí al tipo de circunstancias que los grupos locales han especificado en la invención, precaución y mantención de sus problemas al intentar solucionarlos. No para que la pregunta desaparezca, sino para que module las acciones de los hombres. Pero sucede entonces que la cuestión metodológica aquí se desdobla. Porque la metodología así propuesta, la que ordena las series alrededor de interrogantes locales, no puede esclarecer nunca la plenitud de las preguntas que dice responder a través de la historia. No solo porque la selección bibliográfica es siempre azarosa, sino porque se encuentra subordinada a la pasión del maestro.

Este autor general que así teje los diferentes textos, no trae hacia si la garantía de que conoce la totalidad de la bibliografía general. Por lo que su trabajo muestra cierta endeblez en el hecho de sus fuentes; tal vez por eso la constante preocupación de sus editores ante la compaginación. No me resulta nada atractiva esta tonta objecion. Pero introduce torpemente la digna implosion de la arqueologia de la forma arqueologica. El desdoblamiento es el siguiente: Estos interrogantes que unen, como la seda que reúne las perlas de un collar: ¿De quienes son? ¿A quienes les corresponden? ¿Quien habla allí? ¿El autor general que confecciona el camino del mapa que así fabrica; o los autores que forman las piedras de cada casillero en ese camino? ¿De donde salen los interrogantes problemáticos? La articulación tectónica siempre permitiría que el autor se pueda escapar, ante la irresolución del desdoblamiento anteriormente visto; en esa brecha abierta dada la creacion de un interrogante, y la imposibilidad de responder, a traves del metodo arqueologico, a las respuestas localmente alli dispuestas. Como él mismo gusta en aclarar:

“¡Como! ¿Se imaginan ustedes que tomaría tanto trabajo y tanto placer al escribir, y creen que me obstinaría, sino preparar, con mano un tanto febril, el laberinto por el que aventurarme, con mi propósito por delante, abriéndole subterráneos, sepultándolo lejos de si mismo, buscándole desplomes que resuman y deformen en su recorrido, laberinto donde perderme y aparecer finalmente a unos ojos que jamás volveré a encontrar? Más de uno, como yo sin duda, escriben para perder el rostro. No me pregunten quien soy, ni me pidan que permanezca invariable, es una moral de estado civil la que rige nuestra documentación. Que nos deje en paz cuando se trata de escribir” (Foucault. La arqueologia del saber)

martes, 14 de diciembre de 2010

Tenues sonidos

Viste cuando ni tenes ganas para explicar la falta de ganas. Es el tipo de situaciones sumamente problemáticas que se contradicen a sí mismas. Porque en la medida en que pretende vibrar los dientes y hablar, la lumbre deja de reflejar calidez sobre las paredes, por lo que se contraen a sí mismas, y la razón de su tristeza encuentra un justificativo, como unas pastillas cómodamente colocadas en la mesita de luz. Así, la razón por la cual toma de eso es porque toma. Ni el cansancio logra quebrar la seca monotonía circular.

Podría pensar que una vez que se toco fondo solo queda todo por escalar. Pero mucha gente vive ahí, en el fondo. ¿Justifico mi condición al encontrar mucha gente a mi lado? Lo más hermoso de hallar en la lejanía es un sonido perdido en la oscuridad, en esa mezcla entre un grillo y el sonido del mar. El calor del sol que ha quedado atrapado en los techos resbala hacia los caminos de tierra, dejando una sabiduría tranquila. Pero a veces en esas ciudades veraniegas se roza el frio. Y no se puede dormir, entonces. Aunque de barro se alimenten las ruedas aquí, no de compañía se acercan las vivencias. Odiosas comparaciones que siempre interrumpen los propios pensamientos. Tomo libros como Nietzsche, y se nota como los sufrimientos son abordados con valentía. A medida que avanza, coloca situaciones por las que su intelecto devela las sombras allí tejidas. Al parecer ciertos insectos se esfuerzan por escapar de su designio. Pero, lo he dicho en silencio. No hay forma de escapar. La ciudad aquí parece dormir junto con uno. Es cierto que encuentra numerosos viajes entre la arena y el mar. Pero a todos se les ocurrió el mismo plan. Por lo que la conjunción de todas esas voluntades forman una atmosfera de grillos y mar, en las que los actos se potencian, incluso el aburrimiento.

Es curioso el hecho de aburrirse en las vacaciones. Bueno, será porque habiendo realizado un corte en el suceder de los días, es que dentro de tal o cual región lo pensado caerá bajo examen. Pero suponga que no concibe que lo que mi herida espiritual arrastra sea sangre de color soledad, sino una infinitud de posibilidades, una al lado de la otra, de una forma tal que no sea posible observar a cada una. De hecho, solo se les ve una cara, una parte, siquiera un rasgo. Los bordes y los costados están tapados por la contigüidad en las que fueron colocadas. ¿Quién las dejo allí? Nadie. No importa. Pero hay miles de oportunidades en un día. No prefiero decir que si se está mal, queda una vida por descubrir. Digo que si está mal, que es como estoy siempre, queda la historia, almacén de todas las obras culturales, reservorio cual cementerio de los sufrimientos ajenos sublimados, como forma de expresar ese malestar. Así, quien está mal no busca que le repitan su malestar. Sino que adora encontrar que alguna gente ha pasado por similares senderos. Todos serian diferentes, pero saben opinar de todo. Lo que vuelve inestable al sufrimiento, es decir, al menos contingente, quien lo invita a brindar con una copa de esperanza, es la condición de su alienación, enajenación altruista.

Quien sufre busca hallar la forma de expresar y canalizar su apesadumbrada condición, canalizando lo que siente. Eso es lo que lo mueve. Pero es una esperanza enajenada, porque ese encuentro que opta por hallar una forma de expresarse no podría hacerlo sino tomando la voz de la otra persona. De esta forma, el sufrimiento personal pierde su condición. Remite a experiencias ajenas, contaminándose allí de contenidos que no le corresponden, filtrándose luego por consejos que poco saben de la condición personal. La atracción por el lugar común no debe inmiscuirse con lo que esas vivencias ajenas recolectaron, puesto que los objetivos son siempre en ultima instancia singulares, aunque muchas formas de institucionalización pretenden generar las formas colectivas de participación ciudadana. Es tan difícil, que no se entienden las distancias. Lejos, pero cerca, siempre cerca. Gente que ya no está más, pero tan presente en el sentimiento. Gente que se aleja, pero que quiere estar cerca. Flotan en la distancia, entre un grillo bello y las olas que quieren rozarte, apenas animándose a abrazarse.

martes, 30 de noviembre de 2010

Efecto piezoelectrico

Resbale el dedo nuevamente contra la rueda y sus puntas. La pequeña luz en forma de fuego quemo el lugar donde anidaban las situaciones simples. Salieron por la pupila en hilos de seda, sabor a humo, toda una serie de pérdidas del mismo color. Se estrellaron contra la hoja que tenía en frente. Deje el cigarrillo a un costado. Volví a tomar el escrito por donde empezaba.

Vivía entonces en ese tipo de casas que la gente asidua del tren observa distante en su trayecto. Se acomodan en el medio de unos jardines que no siempre desarregladas rejas lo contienen, lo que forma un sendero indiferenciado entre las piedras grises y la verde proliferación. En todo caso, no porque les haya preguntado, pero considero que siempre admiran mi casa al pasar por aquí. ¿Y esto qué valor tiene? ¿Que provecho humano reside por aquí?¿A quien le interesa esto? Tache furiosamente, no sin tristeza, lo narrado. Mis labios abrazaban nuevamente al pitido cancerígeno. La otra mano tendía sobre mi cabeza. Deje cae mi birome al tacho. Las líneas envolvían tímidos hombres que decidieron quedarse a vivir algún tiempo entre oraciones que no les correspondían. No es mi tipo de elección, habrá sido lo obluminado para corresponder la sedienta y pobre garantía de drenaje.

El fuego acechaba ya la totalidad de las voces simples y aventureras que habían nacido para esconderse. Las pieles de los papeles comenzaban a quemarse. Las situaciones simples ahora eran de las complicadas, la exterioridad asestaba internamente cada movimiento. Su disposición literaria se convertía en una sombra detestable proyectada vilmente sobre los demás, contorno sombrío que no deja ver el nudo de combustión que comenzaba a bailar abajo del escritorio, o entre los cajones de la ropa, incluso colgado de la ducha en el baño. Un frio y aterrador incendio devoraba mis cimientos. Tan solo seguiré escribiendo Aunque sea uno entre lo leído y lo escrito. Que decepción esos pequeños hombrecitos.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Glóbulos de helio

Volví. Aquí andaba y no lejos regresare. La oscuridad reinante ofrece no tapar ahora a los puntos generales de los que todo valor ofrece en sus concomitancias. Hace calor, es cierto. Pero esta tranquilidad no de un sobresalto ha llegado. Ha pasado por aquí, por alguna pestaña tuya, de las que se usan para ver. Constituye el punto de anclaje lo que en una sensación un sentimiento humano ha vuelto sobre sí mismo.

¿Adonde fue, entonces? Tal vez nunca se movió de algún escritorio, y tan solo se dio vía libre a su intelecto, que de sagaz no puede resplandecer sus resultados, porque cobarde anuncia así su ser escritor. ¿Cobardía? No. ¿Qué sabe ella? Demuestra su reflejo la más generalizada perspectiva de un corazón. Creaciones que han sido llamadas para retratar ese espacio con el que mi silenciosa o incomprensible curiosidad te ha querido abrazar. Allí no sé cómo decir. Parece que no puede sentir. Es que me envuelve en ese poco decidir, del que supongo como negado a tu posible advenir. ¿Qué espera entonces, de una forma simétrica? Cantar y bailar. Restricciones voladoras se atreven a comparar lo que ha sido primero separado para garantizar la feliz incertidumbre. ¿Por qué tan fácil, entonces? No entiendo. ¿Por qué todo tan fácil?

Cuanta verdad fuera de lugar. Nada se inserta en esa fuente de conglomerados tristes. Tome al hilo en el lado que su lazo goteaba sangre. Tense con una vuelta ambos costados; de forma que no pueda irse muy lejos, y lo ate al banco. Ahora tan solo debía saltar de mi asiento, y correr hacia alguna calle. Eso lograría liberar al globo de mí. El sacudón lograría romper su enlace sanguíneo, ofreciendo aire nuevo a mis venas. Quede mirando la fogata del centro de la plaza. Decidí que era un buen lugar al que llegar. Separe un poco el brazo para probar un poquito a la tensión que se generaría.

Al principio se ajusto más, pero a medida que la fuerza se iba manteniendo, pude notar con todo mi cuerpo como el entero entramado arrastraba a los demás órganos. Seguramente va a doler, me dije. Volví a sentarme. Mire para arriba. La noche abrazaba por entero cada sendero. No completa la circunferencia lunar anunciaba que aun asi podía dejar caer unas leves líneas de sospecha entre los árboles. Debía ser algo tarde, dado que acababa de escuchar resonar el alarido del tren al otro lado de la estación. Intente ver la hora en el celular, pero la presencia de un mensaje me llevo a olvidar un poco lo que estaba haciendo con el globo atado, mas bien, insertado a la fuerza.

“Ya llego”

¿Quién era? El nombre estaba escrito con los números al revés. Lo deje a un costado. La pregunta parece que pudo haber proseguido mucho tiempo más, pero la deje sin respuesta como para intentar que lo novedoso prolifere en sombras. Le preguntaría sobre sus aficiones y más extraños deseos cuando se presente. Esperé, no otra cosa podría hacer. Volví a tapar con la manga la región de la muñeca que denunciaba mi más incomprensible estado. Revoltosas cortinas de un cálido viento movieron a mi artificio plástico sobre mi cabeza.

No lo note por su baile, sino porque ahora que había intentado tirar de él, ya no se encontraba muy bien inserto, por lo que los movimientos circulares hicieron que cayeran algunas gotas en el pie. Seguí esperando. Note que el lazo comenzaba aflojarse. Ahora la pregunta se habia instalado de forma tenebrosa. ¿Me dolerá la separación?

-¿Cuál separación?

Había llegado. Vos me mandaste el mensaje.

-Si, avise que llegaba, pero me falto escribir adonde.

No te preocupes. Yo sé adónde vamos.

-¿Lo sabes? ¿Adonde?

Mira, me podrías ayudar bastante. ¿Ves este globo que traigo? Solamente tenes que tomarlo con la mano, y tirar. Correr, celebrar, explotar. Volverte una con la infinitud. Hacia el fuego que esta enfrente, lejos de aqui.

-¿Para eso vine?

Si, llegaste para irte. Tal vez volverás. Aquí andarás, y no lejos regresaras.